¿Puede Nintendo venderme mis propias lagrimas?



El pasado 12 de Septiembre, Nintendo anunció en su Direct que aprovechando que aun no han apagado la freidora de Nintendo Switch, van a refritar los Super Mario Galaxy 1 y 2 (re-refritar en el caso de la primera entrega). Mi primera reacción fue subirme a la silla, con una sonrisa de oreja a oreja mientras veía pasar los escenarios del que durante muchos años consideré mi juego favorito, al son de una banda sonora que sigue siendo una de las mejores de las que puede presumir el medio a día de hoy. 

Mientras rumiaba para mi mismo que si no salían muy caros igual si que me los compraba porque claro, son juegos que significan mucho para mi y hace tiempo que no uso la switch y joder, sale el 2 de octubre, un día después de mi cumpleaños, esta todo ahí listo y preparado para que saque la cartera. El golpe de gracia lo dio el anuncio que además de los juegos, va a editarse una versión física del libro de Estela, siendo entonces mi reacción la de girarme hacia mi novia y decirle, notando como las lagrimas llegaban a mis ojos, "Este libro lo vamos a tener en casa".

Pasan las horas y al igual que con la presentación de Switch 2, cuanto mas se expande la información acerca de los precios y condiciones de lo mostrado en el directo, peor sensación deja. El DLC del Bananaza claramente recortado del juego principal a 20€, los refritos del Galaxy a 50€ cada uno y el adaptador de cartón para la virtual boy a 25€. Haciendo scroll por Bluesky me sale al poco un post de Wario64 anunciando que el libro de Rosalina costará 25€ y algo se rompe en mi interior.

Super Mario Galaxy ha sido durante mucho tiempo mi juego favorito, sigue siendo mi juego favorito del catalogo de Wii y mi titulo preferido de fontanero, pero también tiene un lugar especial en mi corazón por que este fue el primer juego que consiguió hacerme llorar. Tendría unos 13 o 14 años, en plena efervescencia adolescente, adicto a shonens de peleítas con un elenco de mujeres medio en tetas y realmente poca experiencia en el medio mas allá de la pagina Minijuegos.com (os prometo que hace 20 años era un sitio completamente distinto). Vamos, que tenia el pack completo de adolescente otaku repelente con 0 unidades de inteligencia emocional cuando empecé al juego en cuestión.

Las primeras horas fueron como entrar a un parque de atracciones, todo eran luces, colores y estímulos, el movimiento de Mario era super divertido y hacer cabriolas entre planetoides podía ocuparme horas y horas diariamente. El planetario de Estela era como una segunda casa, me lo sabia de memoria y conocía todos sus secretos, recorriendo día si, día también, todos sus pasillos y plataformas, subiéndome a la parte mas alta para hacer un mortal hacia atrás larguísimo. Pero hubo algo, una notificación al acabar un nivel, que puso una pausa momentánea a esa festividad, algo del palo "la biblioteca se ha abierto".

Entré a esa biblioteca esperando encontrar nuevos niveles donde correr y saltar, pero la realidad fue que al entrar la música de fondo se atenúo casi por completo y el ambiente era totalmente distinto a lo que había visto hasta ahora y a cualquier cosa que pudiera anticipar. Allí estaba Estela, sentada en una silla con un libro en el regazo y rodeada de destellos, esperándome a mi para empezar a contar una historia. No se si fue cosa de la música, los dibujos o que realmente la historia de aquella niña perdida me llegó al alma, pero si recuerdo llorar. Recuerdo llorar todas y cada una de las veces que entraba corriendo a esa biblioteca cuando, al acabar un nivel, el juego me avisaba de que "hay nuevas paginas disponibles del cuento".

Con el tiempo y cierta perspectiva, me doy cuenta de que cuando siempre he dicho que me gusta mucho menos Super Mario Galaxy 2 no es por el diseño de los niveles o los power ups, es porque el "planetario" es mucho mas aburrido y porque esta vez Estela no me va a leer ningún cuento. Pero incluso con el tiempo y perspectiva, la ultima vez que me pasé Super Mario Galaxy, hace unos pocos años, volví a llorar a moco tendido con ese cuento.

Ese libro significa mucho para mi a nivel emocional, tenerlo seria poder tocar y atesorar esa historia infantil que tantas lagrimas me ha hecho derramar. Pero para tenerlo tengo que comprarlo y ahí es donde encuentro mis problemas a este respecto.

[Oh, genial, acabo de hacerlo aun peor. Buscando información de cuantas paginas trae acabo de ver que se puede comprar en Amazon.]

El libro de Estela cuesta 25 dólares, 22,16€ en España y son unas 112 paginas según pone en la descripción del producto de Amazon. Y por lo mas sagrado os juro que me revuelve las tripas tener que poner en la misma frase "El libro de Estela" y "producto de Amazon". Porque si lo queremos mirar de un punto de vista "objetivo", como "producto", en verdad no es caro ni problemático, es una edición bonita a un precio asequible... pero es que no soy capaz de procesar como se supone que debo entender este libro como un producto.

Un buen amigo mío defiende que la base esencial de ser friki es consumir, tanto en el sentido de comprar productos derivados de las series y videojuegos, como del propio consumo de estos y aunque me niego en redondo a aceptar el termino "consumo" como sustitutivo de "disfrute" en referencia a como nos acercamos a obras de distintos medios... es cierto que una parte realmente grande de nuestra cultura como frikis consiste en comprar todo tipo de piezas, cacharros y artefactos vinculados a una obra cultural.

Y aunque podría extenderme hablando de como el capitalismo acaba encontrando la forma de mercantilizar todos los apartados de nuestra vida independientemente de nuestras aficiones... con tal de no extenderme mas todavía voy a asumir que mi colega tiene razón.

Yo mismo tengo muñequitos, funkos, ilustraciones, tazas y camisetas de animes o videojuegos que me gustan y aunque las figuritas ya no me despiertan tanto interés como hace unos años, me sigue haciendo cierta ilusión tener algún día algún set completo con todos los miembros de la tripulación del sombrero de paja (eso si encuentro alguna donde no me de vergüenza que se vean las de Nami y Robin). No soy, ni seré nunca, el adalid de la austeridad en este sentido, pero si que de un tiempo a esta parte soy mas reacio a la idea de gastar mas dinero en estos productos que orbitan una obra, que en la obra en si misma.

Entonces si ya tengo tazas de Pokémon y funkos de Portal 2, por que se me atraganta el libro de Estela?

Quizás podría comparar el libro con la partitura de una canción, ahí están todas las notas que hacen que la pieza exista. Es la canción y no es la canción al mismo tiempo, pues falta quien la interprete para que realmente suene. Si miro la partitura de Welcome to the machine de Pink Floyd no me va a hacer sentir lo mismo que si la reproduzco en YouTube o Spotify. La comparación no es del todo justa, pues en Super Mario Galaxy no hay ninguna voz que lea la narración y si me pusiera la música de fondo, la experiencia con el libro en las manos seria muy similar a la del videojuego.

Pero creo que ahí esta el matiz. Seria como emular lo que sentí en el juego. La taza de Pokémon me viene bien porque es una taza, es útil y lo mismo da si es de charmander, de Metalgreymon o del obispado de Palma. Los muñequitos son decoración y me sirven para, de alguna forma, hacer mío el espacio que ocupo. Son elementos que existen por si mismo y que cumplen una función apartada de los significados que yo le atribuya a la obra de la que parten. Pero el libro no, el libro son mis lagrimas.

El acto de comprar este libro se siente como comprar mis propias lagrimas. Se que si lo abro y empiezo a pasar las paginas volveré a llorar como cuando era un crio. Se que me hará feliz tenerlo y verlo ahí en mi estantería, pero es que eso es a lo que apela precisamente el plan de marketing del producto. Nintendo lo vende consciente precisamente de a quien y por que se vende este libro, es una combinación perfecta de sentimiento y nostalgia, pero una vez vislumbras ese hilo, se hace difícil decidir si morder o no el anzuelo. 

Se de sobra que un videojuego no tiene nada realmente mágico por si mismo, son simplemente software ejecutándose, igual que una novela es tinta sobre papeles encolados entre si y una canción son vibraciones surcando el aire. La magia se la ponemos nosotros, somos nosotros quienes deciden otorgarles este lugar especial en nuestra mente o nuestro corazón, somos nosotros quienes nos abrimos a creer que ese Pikachu es nuestro amigo, somos nosotros quienes lloran por las muertes de los tributos de los juegos del hambre porque les hacemos reales.

Para disfrutar de un medio, de cualquier medio, sea como creador o como espectador, tenemos que estar dispuestos a dejar algo de nuestra parte. Ahí es donde realmente la experiencia artística nace y donde se diferencia meter números en un Excel de jugar.

Decidí creer hace años que Super Mario Galaxy era algo mágico y el libro de Estela, algo especial entre lo mágico. Pero lo que me hace darles esa consideración no es un CD, no es una imagen estática, es la experiencia completa de jugar y juguetear, de pararme a escuchar esa historia, de saltar de un asteroide al siguiente hasta quedar sumido en la quietud del espacio. Super Mario Galaxy se puede comercializar, al igual que el libro de Estela, pero no es su existencia física lo que los hace especiales. Hacer tangible ese libro es tan solo tratar de condenar a una forma física y limitada algo que, al menos para mi, es muchísimo mas grande.

Lo que a mi me impactó de niño y me ha acompañado tantos años es la experiencia de leerlo en su contexto, como parte de un videojuego, como contrapunto al parque de atracciones, como remanso de paz en mitad de la feria. El libro de Estela real existe únicamente dentro del videojuego, es intangible y solo accesible en determinadas circunstancias y en unos términos concretos, no existe, ni existirá nunca, como un tomo mas en mi estantería. Lo máximo que puedo aspirar a tener es una reproducción con numero de serie y código de barras.

A la pregunta de si puede Nintendo venderme mis propias lagrimas, la respuesta es un si evidente, es el articulo nº1 de Diseño grafico Comercial en Amazon y tiene una etiqueta de precio mas que atractiva. Ahora la pregunta que me tengo que hacer es si estoy dispuesto a comprarle yo mis propias lagrimas. Tengo el dinero y una parte de mi quiere tener ese libro, otra parte de mi se niega, quizas de manera infantil

También tengo la Wii enchufada a la tele y una copia de ambos Mario Galaxy, así que igual no necesito pasar por caja para volver a disfrutarlos una vez mas.

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